Dr. Miguel Angel
Paladino
Buenos Aires, Argentina
E-Mail: paladinomiguel@yahoo.com.ar
Me resulta muy grato saber
que existe una nueva página de anestesiología en Internet
en Español. Además conociendo a los responsables de la
misma se que será muy útil para todos nosotros. He escrito
para enviar a la misma un articulo científico, pero me pareció
adecuado enviar este manuscrito, que no es científico pero puede
ser instructivo, espero me disculpen y les resulte útil. Mucha
suerte con la página.
Miguel Paladino
¿El guardarropa se parece a los conocimientos?
"No tengo qué ponerme", hemos dicho muchas veces casi
todas las mujeres, y muchos hombres, abriendo un guardarropas cargado
con perchas ocupadas, estantes atiborrados y cajones desbordantes. Todas
las perchas están ocupadas y sin embargo... nada alcanza para
cubrir nuestra desnudez. Qué es lo que sucede? Acaso somos insaciables
- como nos suelen decir a menudo - o resulta que atesoramos prendas
que por distintos motivos no podemos utilizar?
Cuando analizamos - desorientados - lo aparentemente contradictorio
de sentir que "no tenemos ropa" cuando ni siquiera hay una
percha vacía, solemos poner en marcha, mentalmente, un inventario
demasiado conocido: algunos vestidos ya no nos calzan; otros pertenecen
a un estilo abandonado, sin embargo siguen firmes ocupando un sitial
de privilegio.... y hay motivos para ello. Algunos los retenemos porque
los hemos amado mucho; otros, porque nos recuerdan a quien nos lo regaló
o el momento de felicidad del que fueron testigos. Están aquellos
que nos evocan la silueta que aún no nos resignamos a olvidar
y también los que guardamos para que lo usen nuestros hijos o
se disfracen nuestros nietos. Se trata de un amplio espectro que pertenece
al pasado o a una expectativa futura, pero que desviste el presente.
Esta imagen del guardarropa nos enfrenta con algo más que la
vestimenta que guarda, pues lo inevitable de nuestro contacto de cada
mañana pone en marcha actitudes que son reveladoras cuando nos
entretenemos en analizarlas. Por otro lado, la intimidad que se produce
entre nuestro cuerpo que necesita ser cubierto, nuestra personalidad
que requiere ser satisfecha, la ocasión que nos demanda vestimenta
apropiada y la ropa que espera por nosotros, genera un espacio virtual
por el que circulan estados de ánimo y expectativas diversas.
El guardarropas, como el conocimiento, es un espacio finito y la intención
de pretender "poner orden" en él obliga a negociar
con uno mismo porque - inevitablemente - se impone la necesidad de "hacer
espacios" y para ello concretar desprendimientos.
Liberar perchas, desocupar estantes y vaciar cajones es una tarea de
desprendimiento, simple en apariencia pero profundamente compleja, porque
toda persona tiene motivos valederos para retener lo que guarda y, al
mismo tiempo, para querer desprenderse de todo aquello que retiene.
Se entabla una lucha entre distintas necesidades de una misma persona.
De no mediar una negociación consciente, la lucha suele perpetuarse
con escaramuzas que alternan arranques de limpieza" con actitudes
de conservación. Estas escaramuzas sólo alivian temporariamente
la conciencia que no resuelven la situación y, a veces, hasta
la empeoran. Con frecuencia llegamos a lamentar habernos desprendido
de algunos conocimientos de la misma manera que nos reprochamos seguir
guardando otras. Se impone una negociación, pero negociar no
es fácil y mucho menos con uno mismo, para llegar a tomar una
decisión y contar con el "consenso interno" para sostenerla.
Cuando nos animamos a negociar y finalmente logramos hacer espacio desprendiéndonos
de aquellas ideas que no cubren nuestras necesidades presentes, surgen
ante nuestros ojos las siluetas descarnadas de las perchas vacías.
Ellas gritan ausencia y reclaman lo que les falta. Resulta de una evidencia
aplastante que hay necesidades que no están cubiertas. La evidencia
de lo que nos falta se convierte en el estímulo para buscar lo
que necesitamos. En otras palabras: las perchas vacías nos brindan
un gran servicio porque nos dan la oportunidad de lanzarnos en pos de
lo que necesitamos. Es desde esa perspectiva que podemos decir que las
perchas vacías se convierten en proyectos potenciales.
También en el guardarropas se van acumulando experiencias, recuerdos,
vínculos y roles, hasta llegar a dimensiones inmensurables. El
paso del tiempo agrava esta acumulación porque hace que las cosas
pierdan vigencia. Por eso en determinados momentos de la vida resulta
imperioso negociar con uno mismo para poder desprenderse de aquello
que - de seguir arrastrando - puede llegar a convertirse en un lastre.
Son infinitos los ejemplos que en la vida médica de mujeres y
varones dan cuenta de los desprendimientos logrados o malogrados. La
misma cambia cada día y si los profesionales que no nos adaptemos
a los nuevos conceptos habremos perdido la oportunidad de crecer. Por
ello está pagina sin duda servirá para cambiar algunas
perchas y reemplazarlas por nuevas ropas que nos permitirán cubrirnos
más dignamente para nuestros pacientes.
Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa...
No dejes nunca de soñar, porque en sueños el hombre es
libre. "Por sobre las nubes más oscuras siempre brilla el
sol, todo el cuestión de volar alto."