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Rev Cubana Salud Pública 2004;30(4)

Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos

Algunos indicadores del metabolismo lipídico en embarazadas y recién nacidos

Yanik Rodríguez Enriquez,1 Gisela Pita Rodríguez,2 Alejandrina Cabrera Hernández,3 Ma. Eugenia Quintero Alejo,4 Maybé Díaz Domínguez4 e Isabel Martín González5

Resumen

Un apropiado aporte de grasas en la dieta de la embarazada debe garantizar que sus hijos reciban la energía y los precursores moleculares para la síntesis endógena de estructuras lipídicas. Se realizó un estudio transversal en 187 embarazadas y 149 recién nacidos (RN) y se compararon algunos indicadores del metabolismo lipídico con resultados de estudios de la década del ochenta. La asociación de estos indicadores entre madres y RN fue evaluada. Se aplicaron encuestas de frecuencia semicuantitativa del consumo de alimentos en el último trimestre del embarazo. En madres y RN, todos los lípidos séricos evaluados fueron significativamente menores en el 2001 respecto a la década del ochenta (P<0,01), a excepción del C-LDL, que no varió significativamente. Se encontró correlación positiva entre el CT, los FL y el C-HDL de madres y RN (P<0,001). Los médicos de la atención primaria de salud deben recomendar a las embarazadas consumir una dieta en que las grasas aporten el 30 % de la energía total diaria a través del aumento de la ingesta de grasas de pescado y de origen vegetal, con un enfoque preventivo y de educación nutricional y que se monitoreen cuidadosamente los posibles cambios en su perfil lipídico.

Palabras clave: EMBARAZADAS, RECIÉN NACIDOS, LÍPIDOS SÉRICOS, GRASAS DE LA DIETA, ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES, RECOMENDACIONES.

Introducción

La dieta de la mujer embarazada debe garantizar una adecuada composición de ácidos grasos en la leche materna, vía por la cual los recién nacidos (RN) reciben la energía, el medio de transporte de las vitaminas liposolubles y los precursores moleculares para la formación de estructuras lipídicas.1,2 Las grasas ingeridas en la dieta influyen en el perfil de ácidos grasos de las membranas celulares del cerebro y la retina en los niños desde su vida intrauterina, lo cual determina su capacidad de aprendizaje y su agudeza visual.3,4

Los niveles de triglicéridos (TG) de la madre aumentan de dos a tres veces en la medida que el embarazo progresa hacia el tercer trimestre.5,6 Las concentraciones de los demás lípidos séricos (fosfolípidos, colesterol, glicerol y ácidos grasos) también aumentan durante el embarazo, pero el cambio neto es menos marcado que el caso de los TG.6 Se conoce que durante el embarazo las concentraciones de colesterol total (CT) aumentan hasta en el 43 %, como resultado del aumento de la demanda de precursores para el desarrollo de los procesos anabólicos propios de esta etapa y sufren una rápida caída después del nacimiento.7 Sin embargo, también se ha sugerido que la hipercolesterolemia durante el embarazo afecta de manera adversa el desarrollo del niño a causa de la inducción de anomalías en la función renal.8 Cuando al nacer el niño no se observa una disminución del colesterol sérico, este hecho puede ser predictivo de la posible aparición de alteraciones del metabolismo lipídico en la adultez, lo cual es un punto a considerar en la prevención de enfermedades cardiovasculares (ECV) y la aterosclerosis.7 Dos indicadores del metabolismo lipídico muy relacionados con la aterosclerosis, como la disminución del colesterol unido a las lipoproteínas de alta densidad (C-HDL) y el aumento del colesterol unido a las lipoproteínas de baja densidad (C-LDL), pueden no estar presentes durante la infancia y sin embargo constituir predictores de dicha enfermedad en la vida futura.9 En la década del ochenta se realizaron varios estudios (1983, 1984, y 1986) encaminados a evaluar la influencia de las grasas en la dieta de la embarazada sobre los indicadores del metabolismo lipídico de esta y del RN10,11 (Cabrera A. Nutrición y lípidos en la infancia. Tesis doctoral. Ciudad de La Habana, 1990). Al haber ocurrido cambios en la dieta de la población cubana a partir de la década del noventa se hizo necesario reevaluar los niveles de los principales indicadores del metabolismo lipídico por la importancia que estos tienen en el riesgo a las ECV. Hasta el año 2001, las enfermedades del corazón habían constituido la primera causa de muerte para la población cubana.12
En este trabajo se comparan algunos indicadores del metabolismo lipídico en el año 2001 con los obtenidos en estudios en la década del ochenta y se evalúa la posible asociación de estos entre las madres y los RN.

Método

Se estudiaron 187 madres y 149 RN atendidos en el Hospital Materno-Infantil “América Arias” entre febrero/2000 y enero/2001. Las madres desarrollaron el embarazo sin complicaciones. Se excluyeron del estudio las madres cuyos niños nacieron como resultado de partos no fisiológicos o con anomalías congénitas. El estudio fue aprobado por el Comité de Ética del Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos (INHA). Se pidió a las embarazadas el consentimiento por escrito para participar en el estudio. Durante el período de preparto, se tomaron datos de las historias clínicas como la edad, el índice de masa corporal al inicio del embarazo, ganancia de peso durante el embarazo y se tomó una muestra de sangre venosa. Del RN se tomaron los datos de sexo, peso y talla al nacer y el APGAR. En el momento del parto se tomó una muestra de sangre del cordón umbilical y el suero obtenido fue congelado a –20 °C hasta el momento de su procesamiento.

En el suero de las madres y los RN se determinaron el CT, los TG, los fosfolípidos (FL) y el C-HDL, se utilizaron los mismos métodos colorimétricos que se emplearon en los estudios de la década del ochenta. La fracción lipídica del suero fue extraída según el método de Folch modificado por Carlson. El CT fue determinado por el método de Watson.13 Los TG fueron determinados por el método de Carlson y otros14 y el C-HDL fue determinado según Burstein15 y Lópes-Virella y otros.16 El C-LDL fue calculado por la fórmula de Friedewald17 y el colesterol unido a las lipoproteínas de muy baja densidad (C-VLDL) fue calculado dividiendo el valor de los TG expresado en mmol/L entre 2.2. Los FL del suero fueron determinados por el método de Younburg y otros.18 A las embarazadas se les aplicó una encuesta de frecuencia semicuantitativa del consumo de alimentos durante el tercer trimestre de la gestación. A partir de los resultados de las encuestas dietéticas, se evaluó la energía promedio aportada por la dieta, el porcentaje de la energía aportado por las grasas en la dieta, el consumo medio de colesterol y el porcentaje de adecuación a las recomendaciones de cada uno de los parámetros anteriores. Al final del estudio se contó con la información dietética de 156 embarazadas.

Para el procesamiento estadístico de los indicadores del metabolismo lipídico en estudio se utilizaron los programas estadísticos SPSS y MedCalc (Mariakerke, Bélgica).19 Los valores de P<0,01 fueron considerados como criterio de significación. Los resultados de las encuestas dietéticas fueron analizados mediante el software CERES, del INHA (FAO. CERES. Sistema automatizado para la evaluación del consumo de alimentos. FAO, 1997-2001).

Resultados

La edad promedio de las embarazadas estudiadas fue de 26,7 ± 5,9 años y su índice de masa corporal de 22,82 ± 4,39 kg/m2. La ganancia de peso promedio durante el embarazo fue de 12,53 ± 4,90 kg. No se encontró correlación entre la ganancia de peso durante el embarazo y los niveles séricos de CT y TG de la madre.

La energía promedio ingerida en la dieta en las embarazadas que participaron en el estudio fue de 2 264 ± 707,25 kcal/día. Al evaluar la adecuación a la recomendación para mujeres embarazadas, el 46 % de la muestra presentó un porcentaje de adecuación inferior al 90 % tomando como referencia 2 375 Kcal/día, que era la recomendación que se utilizaba en nuestro país hasta 1996. En la actualidad se ha estimado en nuestro país una recomendación 3,1 % superior a la anterior.

El porcentaje de la energía aportada por las grasas en la dieta fue de 29,11 ± 8,51 % como promedio. El consumo medio de colesterol fue de 405,07 ± 213,49 mg/día.

Al comparar los niveles séricos de los indicadores del metabolismo lipídico estudiados en los tres estudios de la década del ochenta, no se encontraron diferencias significativas entre estos. Los resultados de los lípidos séricos de los estudios de la década del ochenta y los actuales se muestran en la tabla. En ella se especifican los niveles de significación de las diferencias encontradas.

TABLA. Indicadores del metabolismo lipídico en embarazadas y recién nacidos en Ciudad de La Habana en la década del ochenta y el año 2001

RN: recién nacidos.
Las celdas de madres y RN con asteriscos (*) tienen diferencias significativas con el indicador correspondiente medido en el 2001
(P<0,01).

RN: recién nacidos.
Las celdas de madres y RN con asteriscos (*) tienen diferencias significativas con el indicador correspondiente medido en el 2001
(P<0,01).

Los niveles de CT de las embarazadas en los estudios realizados en 1983 y 1986 fueron significativamente mayo es que los obtenidos en este estudio (P<0,01). Un estudio realizado en 1984 no arrojó resultados que fueran significativamente diferentes a los del presente estudio. En el caso de los RN, una disminución significativa de los niveles de CT se observó en el 2001 respecto a los estudios del 1983, 1984 y 1986 (P<0,01).

Los niveles de TG de las embarazadas de los estudios del 1983 y 1986 fueron significativamente mayores a los de las embarazadas del presente estudio (P<0,01). Igualmente, los niveles de TG en RN fueron significativamente mayores en 1983 y 1986 respecto al 2001 (P<0,01). En el estudio de 1984 no se determinó este indicador ni en madres ni en RN.

Los niveles de FL fueron medidos solamente en el estudio de 1986, en el cual su valor promedio fue significativamente mayor respecto al 2001 (P<0,01) tanto para las embarazadas como para los RN.

Fig. Diferencias de indicadores lipídicos en madres y recién nacidos entre los años 1986 y 2001.

El C-HDL no fue evaluado en el estudio de 1983. Tanto para a las embarazadas como para los RN, los niveles de C-HDL encontrados en el presente estudio fueron significativamente menores (P<0,01) que en los estudios de 1984 y 1986.

En cuanto a los niveles de C-LDL, no se encontraron diferencias significativas entre el estudio de 1986 y el presente estudio ni para las embarazadas ni para los RN.

Tanto en las embarazadas como en los RN los niveles de C-VLDL fueron significativamente inferiores en el año 2001 respecto al 1986. La figura muestra las diferencias encontradas en los parámetros estudiados en embarazadas y RN entre el estudio de 1986 (último estudio de la década del 80) y el presente estudio.

Al correlacionar los indicadores del metabolismo lipídico del presente estudio entre madres y RN, se observó una fuerte asociación positiva entre estos con una significación de P<0,001 (CT: r =0,32; FL: r =0,31; C-LDL: r =0,35), lo cual coincide con los resultados del estudio de 1986. Sin embargo, para los TG, el C-HDL y el C-VLDL no se encontró correlación estadísticamente significativa entre madres y RN.

Discusión

La ganancia de peso durante el embarazo tuvo como resultado una media con valores adecuados. Sin embargo, el 8 % de las embarazadas tuvo una ganancia de peso inferior a 6 kg, que es la menor ganancia de peso recomendada de todas las categorías según el índice de masa corporal, definida para las embarazadas obesas 20,21 (INHA. Vigilancia Alimentaria Nutricional Materno Infantil, 1997). La no correlación entre la ganancia de peso durante el embarazo y los niveles séricos de CT y TG, pudiera indicar que las embarazadas no aumentaron de peso a expensas de un mayor consumo de grasas en la dieta, lo cual se evidenció en los resultados referentes a la energía aportada por las grasas en la dieta. El porcentaje promedio de la energía proveniente de las grasas en la dieta fue ligeramente inferior a lo recomendado para la mujer embarazada, que es alrededor del 30 % de la energía, según los criterios más actuales. Sin embargo, el 67 % de las embarazadas estudiadas no alcanzó dicho límite superior. El inadecuado aporte de energía proveniente de las grasas en la dieta durante la gestación está asociado con la ganancia de peso de la embarazada, el peso al nacer22 y el riesgo del RN a padecer ECV desde la adolescencia.23

A pesar de que el consumo promedio de colesterol en la dieta fue superior a 300 mg/día, el 37 % de las embarazadas no consumía dichas cantidades. Tanto el consumo promedio de colesterol como la energía promedio aportada por las grasas en la dieta no se alejan de las recomendaciones nutricionales, pero existen embarazadas con valores muy deficitarios de consumo de grasas y colesterol en la dieta, lo cual se ve reflejado en las grandes desviaciones estándar asociadas a ambos parámetros.

El hecho de no haber encontrado diferencias significativas entre los indicadores del metabolismo lipídico evaluados en los tres estudios de la década del ochenta sugiere que la alimentación de la mujer embarazada fue uniforme en dicho período, lo cual pudiera responder al suministro estable de alimentos ricos en grasas. Sin embargo, al comparar los resultados de estos estudios con los del 2001, es notable la disminución del CT, los TG, los FL, el C-VLDL y el C-HDL. Los niveles de C-HDL no son una expresión directa de la ingestión de grasas en la dieta al encontrarse regulados no sólo por el grado de la actividad física durante el embarazo (el cual se encuentra disminuido en la mayoría de las embarazadas), sino también por la síntesis endógena. Esta última es dependiente de los niveles de aminoácidos que sirvan de precursores para la síntesis de la parte proteica de las lipoproteínas, siendo los aminoácidos esenciales exclusivamente aportados a través de la dieta. A pesar de que las proteínas de la dieta aportaban el 13 % de la energía en el grupo de estudio, el 56 % de las embarazadas tenía ingestas inferiores a 71 g/día, que es la recomendación vigente desde 1996 para este grupo poblacional. La disminución de los niveles de C-HDL contribuye al aumento del riesgo de las madres y los RN a padecer ECV,24,25 determinado por la existencia en el suero de una menor concentración de lipoproteínas que transportan el colesterol de los tejidos al hígado para ser excretados como ácidos biliares y colesterol libre. La falta de significación de la diferencia entre los estudios de 1986 y 2001 para el C-LDL de madres y RN pudiera deberse a que este indicador no se determina directamente en el suero, sino que es calculado a partir del CT, los TG y el C-HDL, lo cual podría haber introducido un sesgo en los valores finales obtenidos para este indicador.

La falta de correlación entre madres y RN para los TG podría deberse a que al constituir los lípidos de reserva, su movilización hacia los tejidos depende del momento fisiológico del organismo y se encuentra estrechamente regulada a través de la actividad de hormonas y enzimas de degradación. Durante el tercer trimestre de la gestación, los lípidos de la madre aumentan respecto a los dos primeros como resultado de su movilización desde el tejido adiposo y de la disminución de la actividad de la lipasa lipoproteica, la cual actúa sobre los TG unidos a las VLDL. Esta constituye una fase catabólica del almacenamiento de lípidos.26 De igual forma el C-HDL varía de manera independiente al aporte exógeno de grasas a través de la dieta. Se conoce que las HDL se unen a receptores específicos que se encuentran en los neumocitos tipo II del surfactante alveolar, que constituye el sistema antioxidante del pulmón y se desarrolla progresivamente durante la gestación para garantizar la maduración pulmonar del niño.27 En cuanto al C-VLDL, al ser un indicador determinado matemáticamente, está expuesto a los márgenes de error de cada una de las mediciones que intervienen en su cálculo. Además, la abundancia de partículas de C-VLDL en la microcirculación depende de la actividad de las enzimas Ser-hidrolasa y lipoproteína lipasa.28

El CT, los TG y el C-VLDL tuvieron un cambio satisfactorio en el presente trabajo comparado con los estudios anteriores, aunque los valores aún son superiores a los reportados para embarazadas normopeso en el tercer trimestre de la gestación.26 Aunque el papel de los TG en el desarrollo de las ECV ha sido discutido, se ha demostrado que niveles altos de TG en combinación con niveles bajos de C-HDL aumentan al doble la prevalencia de ECV respecto a cuando sólo el C-HDL está disminuido.29

Recomendamos al personal médico de la atención primaria de salud orientar a las embarazadas una dieta adecuada en la que la energía aportada por las grasas represente el 30 % de la energía total, pero a expensas de un aumento en el consumo de grasas de pescado y de origen vegetal y no de grasas de origen animal. A pesar de que sólo el 9 % de la energía era proveniente de los ácidos grasos saturados como promedio, la limitación de la ingesta de grasas animales evitaría el incremento de los niveles séricos de CT, eliminándose un factor de riesgo a ECV tanto para las madres como para sus hijos y a su vez los ácidos grasos n-3 contenidos en el pescado serían beneficiosos para el desarrollo del cerebro y la retina del neonato.4 Dicha orientación debe tener un enfoque preventivo y de educación nutricional. También recomendamos seguir de cerca los cambios en el perfil lipídico durante el embarazo, prestando especial atención a las variaciones en el nivel del C-LDL, ya que estas pueden ser utilizadas para identificar aquellas mujeres que en su vida ulterior serán propensas a desarrollar un fenotipo aterogénico (LDL pequeñas y densas).30

Agradecimiento

Agradecemos la colaboración brindada en este trabajo de las técnicas en dietética Ana Ferret Martínez e Ileana Puentes Márquez.

Summary

Adequate fat intake in the pregnant woman’s diet should assure that her children would receive energy and molecular precursors for endogenous synthesis of lipid structures. A cross-sectional study of 187 pregnant women and 149 neonates was carried out and some lipid metabolism indicators were compared with the results of studies made in the 80´s. The association of these indicators in mothers and neonates was evaluated. Surveys on the semi-quantitative frequency of food consumption in the last trimester of pregnancy were administered. All the serum lipid levels evaluated in mothers and newborn infants were significantly lower in 2001 than in the 80’s except for C-LDL that did not change significantly. There was a positive correlation among CT, FL and C-HDL of mothers and newborn infants ((p< 0,01). Primary health care doctors should recommend pregnant women, with a preventive and nutritional education approach, to take a diet in which fats give 30% of total daily energy by increasing fish and vegetal fat consumption and to carefully monitor possible changes in their lipid profiles.

Key words: PREGNANT, NEWBORN, SERUM LIPIDS, DIETARY FATS, CARDIOVASCULAR DISEASES, RECOMMENDATIONS.

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Recibido: 6 de agosto de 2004. Aprobado: 15 de septiembre de 2004.
Yanik Rodríguez Enriquez. yanikrod@infomed.sld.cu

1Licenciada en Bioquímica. M.Sc. Nutrición en Salud Pública, Aspirante a Investigador.
2 Especialista de II Grado en Bioquímica Clínica. M.Sc. Salud Ambiental, Investigador Auxiliar.
3 Doctora en Ciencias Médicas. Investigador Titular.
4 Técnica de Laboratorio Sanitario.
5 Licenciada en Alimentos. Investigador Agregado.

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