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Para analizar la raíces de este error hay que acudir a la historia de la epilepsia. Después de abandonar la tesis hipocrática de origen cerebral de la epilepsia, todo el período posterior de la Edad Media, los epilépticos fueron considerados lunáticos (poseidos por dioses) o maníacos (alienados) y tratados como tal hasta el siglo XIX, época en que comenzó a diferenciarse la epilepsia de la locura con el surgimiento de la neurología como una disciplina nueva e independiente, en un proceso conceptual y práctico que se mantiene aún en nuestros días. En los comienzos del siglo XIX las llamadas neurosis comprendían la epilepsia y la locura. La búsqueda de una “lesión” en estas “neurosis”, al influjo de la concepción anatomo clínica desarrollada a partir del descubrimiento de la anatomía patológica por Morgani, permitió conocer que dentro del amplio grupo de las “enfermedades nerviosas mentales” existían afecciones tanto con lesiones anatómicas como sin ellas. La precisión de las primeras permitió el nacimiento de la Neurología, quedando las segundas consideradas como “lesiones funcionales” y dejando campo para el enfoque psicológico. Para entonces la epilepsia era atendida tanto por neurólogos como por psiquiatras, pero con el progreso del diagnóstico y tratamiento la epilepsia ha quedado en el campo de la neurología. Desde 1881 se enumeran distintas formas de epilepsia y se sostenía por los psiquiatras la existencia de formas “nuevas” y “obscuras” de epilepsia. Este problema no ha quedado resuelto en la epileptología. En los años 50 o 60 surge el planteamiento de la psicosis esquizofreniforme en la epilepsia del lóbulo temporal, luego la existencia de las psicosis ictales, post ictales e interictales, aunque se sabe que la etiología de los trastornos mentales en la epilepsia es muy complejo Sin embargo lo más complicado es el confundir las “crisis psicógenas” con la epilepsia y se ensombrece más si en el paciente existe un EEG interictal patológico.