Vol. 5, No. 6 Octubre 15, 2000 ISSN 1028-4338
En este número:
Virus del Nilo Occidental: aspectos
epidemiológicos y clínicos
Roxana Rodríguez Tamayo*
Introducción
El virus del Oeste del Nilo ha emergido en los
últimos años en zonas templadas de Europa y Norteamérica,
representando una amenaza a la salud pública, la salud equina y la
salud de las poblaciones de aves. Hasta el momento, la
manifestación más seria de la infección es una encefalitis muy
letal en humanos y caballos, así como también en ciertas aves
domésticas y salvajes (1).
La reaparición este año en Estados Unidos del
Virus del Nilo Occidental o del Oeste del Nilo, como también se le
suele denominar, constituye un fenómeno bien preocupante debido a
que podría propagarse y arraigarse a todo lo largo y ancho de
América Central y Sudamérica, como resultado de la migración de
aves infectadas. Es por este motivo que la siguiente revisión
pretende hacer una breve introducción al tema con el propósito de
poner en el conocimiento de la comunidad médica algunos aspectos de
interés acerca de esta entidad.
Historia y Epidemiología del virus
El virus del Nilo Occidental es un virus de la
familia Flaviviridae y fue aislado por primera vez en 1937 en una
mujer en estado febril del Distrito de Uganda al Oeste del Nilo. La
ecología del virus fue caracterizada en Egipto en 1950 y este
comenzó a conocerse a causa de una meningoencefalitis severa que
padecieron unos ancianos durante un brote registrado en Israel en
1957. En Egipto y Francia la enfermedad en equinos fue documentada
por primera vez a principios de los años 60. El primer registro
epidémico ocurrió en Israel en 1950-1954 y después nuevamente en
1957. La mayor epidemia ocurrió en el sur de África en 1974, donde
hubo más de 3000 casos clínicos (2, 3).
Los factores ambientales tales como las fuertes
lluvias, las inundaciones y las altas temperaturas contribuyen al
incremento de las poblaciones de mosquitos vectores lo que trae como
resultado la ocurrencia brotes. El brote más grande en la década
de los 90 ocurrido en Europa tuvo lugar en Rumanía en 1996, donde
se reportaron 500 casos clínicos de la entidad, con una tasa de
letalidad de aproximadamente el 10%. En octubre de 1999 el virus del
Nilo occidental fue identificado como consecuencia de un brote de
encefalitis en New York. Esta fue la primera vez que la entidad en
cuestión resultó registrada en Estados Unidos. La infección se
manifestó como una encefalitis en humanos y caballos y ha sido
considerada por la comunidad científica como un importante suceso
en la historia evolutiva del virus (4-6).
El virus ha sido reportado en África, Europa,
Medio Oriente, oeste y centro de Asia, Oceanía (subtipo Kunjin) y
más recientemente en norteamérica. Los últimos brotes en humanos
han ocurrido Argelia (1994), Rumanía (1996-1997), República Checa
(1997) y Estados Unidos (1999). La epizootia de la enfermedad en
caballos ocurrió en Marruecos (1996), Italia (1998) y Estados
Unidos (1999). En este último las zonas afectadas han sido los
estados de Nueva York, incluyendo Maryland, Connecticut, New Jersey,
y la ciudad de New York (2-3, 7).
Transmisión
Los seres humanos contraen el Virus del Nilo
Occidental a través de picadas de mosquitos que se han expuesto al
virus como resultado de haberse alimentado de aves infectadas. La
transmisión se produce durante la picadura, pero actualmente la
efectividad de la transmisión es bastante baja. El virus no se
transmite directamente de persona a persona, es decir, el hombre es
su hospedero final y como dato de interés, no se han dado casos de
transmisión directa de las aves a los seres humanos (3, 8).
Las aves son el hospedero primario del virus, el
cual entra en ellas de una manera similar a como sucede en los
humanos, a través de un mosquito expuesto al virus. Típicamente,
la infección no produce la muerte a las aves, sin embargo, en los
Estados Unidos se han estado dando casos donde éstas han muerto
debido a la infección que provoca el virus. Hasta el momento no ha
sido caracterizada una transmisión que pueda ocurrir de ave a ave.
Infecta con mayor frecuencia a cuervos, aves de corral y aves
silvestres (6).
El agente transmisor por excelencia es el
mosquito ornitofílico Culex que se infecta al alimentarse de
sangre procedente de un portador infectado, ya sean las aves o el
hombre. El mismo mosquito no se contamina con el virus pero puede
infectar su próxima fuente de alimentación. Por tanto, estos
insectos constituyen el vector primario para la propagación de la
entidad y por lo general la fuente de los brotes. Pues aunque se han
hallado garrapatas infectadas en Asia y África, su papel en la
transmisión y mantenimiento del virus aún es incierto (3, 5).
Hasta la fecha no existen evidencias de que una
persona pueda infectarse del virus por la manipulación de aves
vivas o muertas. No obstante, se debe evitar el contacto con éstas
u otros animales muertos cuando no se usen guantes algún otro medio
de protección (5).
Aves migratorias y Virus del Nilo Occidental
Las aves migratorias han sido durante mucho
tiempo sospechosas de la introducción del Virus del Nilo Occidental
en las nuevas regiones por las siguientes razones:
- Los brotes del virus en las
regiones templadas generalmente ocurren hacia finales del verano
y comienzos del otoño, coincidiendo con la llegada de grandes
concentraciones de aves migratorias (y mosquitos);
- Estos brotes a menudo ocurren
entre humanos que viven cerca de tierras húmedas donde altas
concentraciones de aves entran en contacto con grandes números
de mosquitos ornitofílicos;
- Los principales vectores de los
que se ha aislado el virus son fundamentalmente mosquitos
ornitofílicos (Culex univittatus en el Medio Oriente y C.pipiens
en Europa);
- Se han encontrado anticuerpos al
virus en la sangre de muchas especies de aves en Eurasia;
- Las aves migratorias han sido
vinculadas con el transporte de otros virus relacionados en el
hemisferio occidental; se ha aislado Virus del Nilo Occidental
de aves migratorias activas (ejemplo Sylvia risoria en
Chipre y Streptopelia turtur en Eslovaquia;
- En diferentes especies se ha
documentado una viremia lo suficientemente duradera como para
infectar a los mosquitos vectores, y
- La migración causa un sustancial
stress sicológico en las aves. El stress ha mostrado que
promueve la inmunosupresión y favorece la replicación del
Virus del Nilo Occidental en los roedores (9).
Al igual que los casos en humanos, las primeras
aves documentadas como infectadas por el Virus del Nilo Occidental
en el hemisferio occidental fueron identificadas en agosto del 99 en
Nueva York. Como en varios brotes en Europa, el principal vector fue
identificado como el mosquito ornitofílico C.pipiens. Más
aún, el brote en humanos ocurrió en siete sitios urbanos cercanos
a tierras húmedas donde se concentraban aves migratorias, mosquitos
ornitofílicos y humanos (9).
Estas circunstancias, conjuntamente con la
ecología del virus en el viejo mundo apoyan la conjetura de que
tanto aves silvestres, domésticas, de zoológico, etcétera, fueron
responsables de la introducción del virus en el nuevo mundo, tanto
a través de la migración normal, el desplazamiento debido a
condiciones atmosféricas, o la importación (legal o ilegal) (9).
La ecología conocida del Virus del Nilo
Occidental indica que es más probable que el virus persista en el
hemisferio occidental si es transportado por las aves hospederos a
lugares de invernación sureños. Los datos del Viejo mundo indican
que las condiciones ideales del Virus del Nilo Occidental se dan
cuando se combinan tres factores claves: un ave hospedero
infecciosa, virémica; un mosquito ornitofílico activo que
sirva de vector y un gran número de una o más especies de
aves hospedero amplificatorias. Esta combinación de numerosas
aves y mosquitos ornitofílicos (ej. en tierras bajas sureñas,
zonas agrícolas húmedas o áreas urbanas) podría proporcionar
amplificación y una base permanente para la diseminación del virus
a través de la migración de las aves (9).
Ruta de migración desde la región de Nueva
York
La migración de las aves desde la región de
Nueva York a finales del verano y comienzos del otoño sigue cuatro
rutas principales (definidas como un círculo de 10 km en un radio
centrado en Queens norte): la ruta sudeste en los Estados Unidos, la
ruta que circunda al Golfo de México, la ruta que lo atraviesa y la
ruta Islas del Caribe/Atlántico Norte.
En la ruta de migración Islas del Caribe/Atlántico
norte occidental, aproximadamente 70 especies de aves tienen
poblaciones que pasan a través de Nueva York y cruzan el atlántico
norte o el mar Caribe siguiendo una ruta sur hacia sus tierras de
invernación en las islas del Caribe o en América del Sur. Esta
ruta es elíptica, y las aves siguen una ruta más occidental a
través del Golfo de México o junto a la costa occidental en la
primavera. Los miembros de aproximadamente 22 especies de aves que
se reúnen en bandadas durante la migración y el invierno siguen
esta ruta (ejemplo Sterna hirundo (Figura 1), Larus
argentatus, Larus delawarensis y Larus atricilla (los
tres últimos han sido documentados como infectados por el virus del
Nilo Occidental durante los recientes eventos epidemiológicos)
(9).

Sintomatología
La infección en el hombre es usualmente
asintomática o con manifestaciones parecidas a los de la Influenza.
Las primeras ocurren rápidamente, dentro de un plazo de 3 a 6 días,
aunque el período de incubación puede extenderse hasta 15 días.
Los síntomas incluyen fiebre de moderada a alta, fatiga,
conjuntivitis, nauseas, dolor abdominal y toráxico, cefalea,
diarreas, así como amigdalitis severa y complicaciones
respiratorias. En aproximadamente la mitad de los casos ocurre una
erupción roseolar que se extiende del tronco a las extremidades y
la cabeza. En algunos pacientes la infección resulta severa y letal.
Esta incluye mielitis anterior, hepatoesplenomegalia, hepatitis,
pancreatitis, miocarditis, meningitis aséptica y encefalitis (3,
7).
Durante el brote de 1999 en New York, se
identificó a través de la experiencia con un grupo de pacientes
que muchos presentaron rigidez de nuca, vómitos, convulsiones,
confusión, temblores de las extremidades, paresia y coma.
Aproximadamente el 15% de las infestaciones de carácter agudo por
Virus del Oeste del Nilo llevan al paciente a la muerte o a un daño
neurológico permanente (1).
Mortalidad
La mayoría de las personas infectadas con el
virus no han tenido síntomas o padecen de manifestaciones parecidas
a la Influenza. Muchos se recuperan completamente y no ven en esta
enfermedad un gran peligro para la salud o la vida. La muerte ocurre
típicamente entre el 3 - 15% de los casos, sin embargo, el promedio
de epidemia hacia este punto indica una tasa de mortalidad
exactamente por encima del 10%. Las personas con alto riesgo para la
infección aguda y morir son los ancianos, los niños y aquellos con
un sistema inmunológico comprometido como los pacientes de VIH o
los que reciben quimioterapia (3).
Diagnóstico
Para arribar a un resultado acertado acerca de la
presencia del virus en los seres humanos se requieren pruebas de
diagnóstico especializadas y la disponibilidad de laboratorios que
puedan proveer el soporte de laboratorio mínimo (5).
Los laboratorios de salud estatales, veterinarios
y de referencia deben contar con locales de bioseguridad a nivel 3
con la capacidad para conducir exámenes que identifiquen
anticuerpos de flavivirus específicos. Con el propósito de
suministrar los exámenes iniciales en muestras tanto en animales
como en humanos es conveniente establecer las pruebas de
inmunoensayos vinculadas a las encimas IgM y IgG (ELISA).
Con vistas a realizar un aislamiento y detección
del virus adecuados, los laboratorios de salud pública y de
referencia deben tener, como se ha dicho, bioseguridad a nivel 3 y
poseer la capacidad para detectar el ARN viral de la reacción en
cadena de la transcriptasa inversa de la polimerasa (RT-PCR). Es
conveniente que se desarrollen y hagan disponibles en los
laboratorios locales la captura de antígenos ELISA para detectar el
Virus del Oeste del Nilo y otros arbovirus en pools de mosquitos. Un
aspecto muy importante es que los laboratorios de referencia y de
salud pública deben emplear inmunohistoquimica para detectar el
virus en tejidos de autopsia (5).
Tratamiento
La encefalitis del Virus del Oeste del Nilo y
otras afecciones resultante de la infección son enfermedades
virales, por consiguiente los antibióticos no son un tratamiento
efectivo. Se lleva a cabo un tratamiento sintomático para cada
paciente, dirigido fundamentalmente a la inflamación cerebral y a
la pérdida de la frecuencia respiratoria. Actualmente no han sido
desarrollados antivirales eficaces y no se cuenta con una vacuna
comercialmente disponible contra la entidad (3).
Prevención y Vigilancia
La forma fundamental para prevenir el Virus del
Nilo Occidental es mediante el establecimiento de campañas de
fumigación con el objetivo de eliminar las poblaciones de mosquitos
infectados, por ser estos los vectores de mayor prevalencia en la
transmisión del virus al hombre.
Las estrategias de control contra los mosquitos
incluyen la vigilancia y el estudio de los mosquitos, la fumigación
aérea y en tierra. Estas tácticas reducen y controlan a estos
vectores y constituyen la mejor acción cuando tienen lugar cambios
sensibles en los factores ambientales tales como, las temporadas
lluviosas, las inundaciones y el incremento inusual de las
temperaturas, situación que contribuyen rápidamente al incremento
de las poblaciones de mosquitos transmisores del virus (3, 5).
Una forma efectiva y económica para controlar
los mosquitos es mediante la reducción de las fuentes larvales a
través de programas de disminución consolidados localmente que
monitoreen poblaciones de mosquitos e inicien controles después de
ocurrida la transmisión de la enfermedad. Estos programas también
pueden emplearse como la primera línea de la respuesta de
emergencia para contrarrestar la enfermedad si ésta ha sido
detectada en humanos o animales domésticos (3, 5).
El hombre puede llevar a cabo actividades para
reducir el riesgo de ser picado por algún mosquito, independiente
de que éste transmita o no el virus. Primeramente, es conveniente
permanecer al amanecer, la caída de la tarde y al anochecer en
lugares bajo techo y donde no penetren fácilmente los insectos,
pues estos son los horarios típicos de alimentación de los
mosquitos. Si es necesario salir afuera debe cubrirse la piel
completamente tanto como sea posible y las áreas del cuerpo que
queden expuestas deben ser tratadas con repelente contra insectos.
Como una precaución extra se deben fumigar con repelente las ropas,
ya que los mosquitos pueden picar a través de éstas. Por otro lado,
se debe tener la precaución de reparar los orificios de las telas o
rejillas metálicas de las puertas y ventanas, eliminar las agua
estancadas en los neumáticos de los patios, los jardineras o
tinajones de los jardines, así como los recipientes donde se les
sirven los alimentos a los animales, también las zanjas y canales,
etcétera. (3, 5).
Resulta válido señalar que las áreas de alto
riesgo son aquellas con clima templado, en las cuales las
poblaciones de mosquitos pueden proliferar, así como aquellas zonas
cercanas a donde se deposita chatarra u objetos inservibles, lugares
muy propicios para la acumulación de agua.
Los grupos de riesgo en humanos incluyen los
niños pequeños, los adultos mayores y aquellas personas
inmunodeprimidas, como son los seropositivos por VIH, los que
reciben quimioterapia o aquellos que convalencen por alguna otra
enfermedad (8).
Con la introducción en 1999 del Virus del Oeste
del Nilo en el noreste de Estados Unidos se impuso la creación de
una serie de lineamientos co-patrocinados por expertos de CDC
(Centro de Control y Prevención de Enfermedades) y el Departamento
de Agricultura de este país (USDA), con el propósito de estudiar
las características del brote y contar con una fuente de
información idónea para el monitoreo de la actividad del virus y
la prevención de futuros brotes de la entidad. Estos lineamientos
son válidos como experiencia a seguir, debido al peligro potencial
que puede constituir esta enfermedad para cualquier país de la
región.
Según CDC y el USDA dada las características de
las aves migratorias constituye una prioridad intensificar la
vigilancia en aquellas zonas que presentan un peligro potencial de
infestación o ya están afectadas. Las actividades de vigilancia
activa a implementar deben hacer énfasis en los siguientes pasos
(5):
- Vigilancia activa de las aves para detectar la presencia del
virus y monitorear su actividad tanto en poblaciones de aves
centinelas como salvajes. En el caso particular del brote de New
York, la vigilancia de los cuervos muertos fue un método
adecuado para detectar la presencia del virus en el área.
- Vigilancia activa para detectar y monitorear la actividad del
virus en poblaciones de mosquitos, así como ayudar a la
identificación de vectores potenciales.
- Vigilancia pasiva veterinaria a partir del establecimiento de
alertas generales a veterinarios con vistas tener reportes
actualizados sobre las enfermedades neurológicas en animales,
con énfasis en caballos, como sistema sostén para el monitoreo
de la magnitud del virus en el ciclo ave-mosquito.
- Vigilancia pasiva en humanos a través de alertas generales
dirigidas a los prestadores de los servicios de salud para
reportar la encefalitis viral, y si los recursos lo permiten, la
meningitis aséptica en humanos.
Conclusiones
El peligro potencial para América Central, el
Caribe y Suramérica está latente hoy día, sin embargo, minimizar
los efectos del virus en humanos constituye una actividad de primera
línea sólo posible a través de un monitoreo intensivo de las
concentraciones de aves de invierno y sus posibles pérdidas, de la
recolección y análisis de los resultados de los exámenes de
laboratorio obtenidos a partir del hallazgo de aves muertas, así
como a partir de la implementación de medidas de control adecuadas
contra los mosquitos que proliferan en los sitios donde han ocurrido
dichos hallazgos.
Actualmente los especialistas se esfuerzan por
llegar a definir ciertos criterios que incrementarían los niveles
de prevención y control de la entidad, tales como son el hecho de
predecir dónde el virus podría desencadenarse en un próximo
brote, así como aspectos tan vitales como la definición de la
duración de la viremia o la frecuencia del ciclo del virus activo
en varios poblaciones aviarías y de mosquitos expuestas a éste.
Investigaciones futuras pretenderán dar respuesta sobre la
persistencia a largo plazo del virus activo en la sangre de las
especies de aves del nuevo mundo, pues son cuestiones de las que
hasta ahora nada se conoce, como también muy poco se sabe acerca de
la viremia a largo plazo de otras especies de aves (9).
Referencias
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Virus. En: http://www.cdc.gov/ncidod/dvbid/westnile/index.htm
- West Nilo Virus http://cuvc.bio.cornell.edu/mcgowan/westnile.htm
- West Nilo Virus. En: http://www.lehigh.edu/~jpb6/westnile.htm
- Hubálek, Z. and Halouzka, J. West Nile Fever–a Reemerging
Mosquito-Borne Viral Disease in Europe. Emerging Infections
Diseases 5 (5); sept-oct; 1999. En: http://www.cdc.gov/ncidod/eid/vol5no5/hubalek.htm
- Guidelines for Surveillance, Prevention, and Control of West
Nile Virus Infection -- United States. Morbility Mortality Weekly
Report 49(02), 21January; 2000. En: http://www.cdc.gov/epo/mmwr/preview/mmwrhtml/mm4902a1.htm
- West Nile-like Virus in the United States. En: http://www.cdc.gov/od/oc/media/pressrel/r990924.htm
- Beneson, A. S., editor. Manual para el control de enfermedades
transmisibles. 16ª ed. – Washintong D.C.: OPS, 1997
(Publicación Científica No. 564). – p.46.
- West Nile Encephalitis: CDC answers your questions about West
Nile Encephalitis. Disponible en: URL: http://www.gti.net/bfp/West_Nile_QA.htm
- Rappole, J. H. Migratory Birds and Spread of West Nile Virus in
the Western Hemisphere. Emerging Infections Diseases 6 (4)
jul-agost; 2000. En: http://www.cdc.gov/ncidod/eid/vol6no4/contents.htm
*Licenciada en Información
Científico-Técnica. UATS Nacional
Esta página fue actualizada
por última vez: Abril 03, 2001
Publicación de:
Unidad de Análisis y
Tendencias en Salud
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